¿Fin?

 

Cuando pensé celebrar el hanami, casi al mismo tiempo pensé en que Lilli hiciese un dibujo sobre ese día. Quizás hasta fue al revés. Lilli hace tiempo me regaló un par de fundas de almohada. http://www.remedyonline.net.au/pillowcaseset-allyouneedinlife.htm Y creo que la primera imagen que me vino a la cabeza pensando en cómo sería ese día fue la de la almohada con la procesión. Quizás por tantas horas que paso con la cabeza en esa funda de almohada, pensando, esperando a que se duerma mi hijo… Me acuerdo de la emoción que me dio que de pronto todo tomase forma y sentido, por fin saber qué hacer, por lo que ya estaba hecho.

De ese día tengo las fotos de Cristina, el dibujo de Lilli y algunos tarros de mantequilla de almendras. Ya no me parece que hanami calerano sea un nombre propicio, pero todavía no se me ocurre otro. Y lo que ando pensando es qué pasará el año que entra. No estando ya dentro de un programa como Campo Adentro, ¿será que volveré a convocar un hanami calerano?

 

Hanami calerano

Ya hace tres semanas que celebramos el hanami calerano, bajo sólo un par de almendros en flor, los autóctonos. Ayer y antes de ayer han sido los días más frios del año. Los capullos de los almendros no autóctonos no han florecido todavía. Aunque hubiésemos celebrado el hanami en estos últimos días de febrero, tampoco nos habrían tocado en flor. Chele dice que aguantan hasta que se pasan los frios, pero en cambio los autóctonos florecen siempre igual, en febrero. Me dijo un dicho: el que de agricultura ha de saber, ni ha nacido ni está por nacer.

El día estuvo bueno, y en el rato que pasamos juntos los diez, más algunos niños, cascamos 4 kilos de almendras. También comimos, bebimos y dimos un paseo. Si viviésemos todos por allí quizás habríamos esperado hasta un día más adelante, cuando todos los almendros estuviesen en flor, siguiendo el ritmo que marca el campo y no el de nuestras agendas. También si viviésemos por allí, se habría prolongado la celebración el tiempo necesario para conseguir cascar todas las almendras de la cosecha pasada, porque por lo menos quedan todavía otros 15 kilos.

Cristina hizo muchas fotos y cuando me las mandó me parecieron muy bonitas, pero luego me parecieron tan bonitas que hasta le dije que se me hacían, quizás, exageradamente bonitas, porque aunque yo recordaba el día como experiencia muy bonita, no lo recordaba visualmente tan bonito. Me respondió que si quería me las “afeaba” un poco y así lo hizo. Esto me recordó algo de la mesa redonda durante Arco en la que hablé de la satisfacción por cascar almendras manualmente, con piedra, y alguien respondió sobre el peligro de idealizar la labranza.

 

 

 

Los chorizos de la discordia

Estos chorizos me los dio Elena. Aquí se ven secándose en mi casa, en Madrid. Llevan ahí un buen tiempo, algunos ya los regalé. Por ellos Andrei, el esposo de Micaela, le rompió las gafas a Joan. A Joan y Elena les gusta ahumar carne. Joan hizo una caseta para ahumar, que está en el patio donde también está la casa de Micaela. A Micaela no le gusta el olor a humo, así que les dijo a Joan y a Elena que no hiciesen fuego, ni ahumados, ni nada. Pero ellos ahumaron, y Andrei le dio un puñetazo a Joan y le rompió las gafas. Por lo menos así me lo han contando a mí. Andrei y Micaela vivían ahí de prestado, pero después de eso se han tenido que marchar. Cuando terminen de llevarse sus cosas podrá usar la casa Martin, el amigo de Antonio que hace muros de piedra, que va a hacer un muro en el huerto.

Los azulejos que se ven en las fotos no los escogí yo.

 

 

 

 

 

 

Carteles

Esta foto me la mandó Tomás, el rotulista, antes de traerme los carteles a casa.

Hablé con él varias veces para pedirle lo que quería y él me decía que me saldría mucho más barato en vinilo. Pero yo llevaba meses buscando un rotulista “de pintura” en Madrid. Había visto bastantes restaurantes y bares que tenían las ventanas pintadas y siempre que preguntaba me decían que lo había hecho Thomas, pero que no tenían su número. Buscando a un Thomas rotulista encontré a Tomás. Ahora ya tengo el número de los dos. No sé nada de cómo Thomas aprendió el oficio pero Tomás lo aprendió de joven, cuando todavía se hacían así.

Siempre he querido tener cosas que decir que se puedan poner en un cartel. Cosas muy claras. He hecho carteles antes pero pensé que ahora, finalmente con los sanwiches, iba a llegar a ese momento perfecto en el que “what you see, is what you get” y está todo bien. El problema es que, aunque he querido hacer una versión autóctona de los sanwiches, me sigue gustando más la mezcla de mantequilla de almendras con plátano.

 

 

 

 

 

HANAMI, cuando los japoneses miran las flores de cerezo y lo celebran comiendo y bebiendo

Primero pensé hacer la invitación al huerto para que los amigos vinieran, con semillas en su interior, a pasar un día comiendo y hablando y ojalá dejando allá las semillas, que luego en primavera quizás germinarían y crecerían, y el huerto se convertiría en un recuerdo vivo y  productivo de aquel bonito día.

Pero el otoño pasó y no organicé nada. Pero ahora me he dado cuenta de que ya casi estamos en febrero y ¡pronto estarán los almendros en flor!

Me quedan kilos de almendras por cascar, y las cosas así se hacen mejor en compañia, y qué mejor que cascar almendras en compañia bajo los almendros en flor. Que los veamos y que nos vean. Después pueden llevarse las almendras a casa y probar a hacer la mantequilla, o si prefieren yo se las preparo.

Esto es una invitación formal, para un día de febrero, un día que haga bueno.

 

 

más almendras

Este fin de semana pelamos casi tres kilos de almendras. Las cascamos entre tres y el domingo las pelé. Me ha quedado doliendo el hombro. Pensé que nunca iba a terminar. Mientras cascábamos el sábado Alejandrito nos contó que él sólo lee libros de fútbol, repostería y agricultura. Elena, la señora rumana, siempre nos trae trozos de los pasteles que hace, siempre hace pasteles, pero no tenía ni idea que Alejandrito fuese repostero. Puede que él y yo seamos los que tenemos más ganas de hacer los mazapanes.

En la finca ya nadie hace matanza, pero Elena compra carne en la carnicería y la ahúma, me ha dado unos chorizos. Este año le ha costado hacerlos porque cada vez que encendía el fuego Michaela le decía que lo apagara, que daba mal olor.

Siempre cuando llega el momento de irse nadie quiere irse pero todos nos vamos.

Esta mañana hemos ido al notario a firmar unos papeles. Dijo que tiene tres fincas en venta, una en La Mancha, otra en Extremadura. De unas seiscientas hectáreas creo, finquitas dijo… Que no le había salido bien el negocio de la agricultura.

 

 

 

 

 

 

 

por hacer

El otro fin de semana dije que yo me iba a encargar del huerto del abuelo. Así le decimos porque lo hizo él. Está bastante separado de las casas, al lado de la vía verde, en una zona que está más protegida del frío por estar un poco hundida. Tiene varias fuentes, un rosal que parece que siempre está en flor, bancales, granados, membrillos, dos naranjos buenos y uno malo, un roble, platanos, castaños, nogales, una parra sobre lo que queda de una mesa. Por la parte más baja antes plantaban verduras, después hay cañas y entre las cañas pasa un arroyo. Ahora los huertos de verduras están en la parte de atrás de las casas así que este está un poco abandonado. También está, abajo de un pino, la urna con las cenizas de mi abuela, no la esposa del abuelo que hizo el huerto, que quería que las esparciéramos por la finca, pero no pudimos abrir la urna así que la enterramos.

Dije que me iba a encargar pero que me tenían que decir primero de qué me tengo que encargar, porque yo lo veo todo bonito pero no sé cómo se mantiene. Por ejemplo, las paredes de piedra que sostienen los bancales, Chele dice que ya nadie las sabe hacer. Un rato pensé que hasta eso debía aprender. O por lo menos conseguir que él enseñase a alguien, organizar un taller. Yo ni sé reconocer si los escalones se están perdiendo, o las paredes deshaciendo. Por suerte Antonio, de la Vera, dice que por allá anda un checoslovaco que las hace perfectas y es barato.

Una de las cosas que dijeron que hay que hacer es replantar los brotes de granado que salen abajo de los granados. Salen muchas varitas y habría que sacarlas de ahí para que crezcan grandes. Mi padre quiere plantarlos porque se ven bonitos, no por negocio. De momento la cantidad de granadas que tenemos es muy grande para consumirlas todas, también las comen las gallinas y los caballos, y las abejas. Y así nos pasa con los membrillos, las almendras, los higos. Son cantidades grandes pero pequeñas, más para regalar que para vender.

Un día van a venir al huerto del abuelo amigos de todos lados. Antes de venir, van a haber pasado algunos días comiendo semillas de cosas de las zonas en las que andan. Voy a arreglar la mesa del huerto y a hacer unos panes para hacer muchos sandwiches de mantequilla de almendras y jalea de granadas, o de membrillo. Voy a construir en la parte baja algo tipo letrina, o quizás no hace falta, con unas palas puede valer. Pero por esa zona sería donde la gente podría dejar las semillas que traigan. Después, si crecen, yo las cuidaría.